Trabajador de ferrocarriles en Durango, casado con Vicenta Garnica Laserna y padre de cinco hijos. Tanto Vicenta como Juan trabajaban a tres relevos de modo que compartían la responsabilidad tanto de las tareas domésticas como del cuidado de los hijos. Simpatizante del PNV al principio, militó en ANV desde su creación.


No participó directamente en la guerra porque siguió con su trabajo en los ferrocarriles. Gracias a su trabajo pudo evacuar a su familia a Bilbao y pudieron dormir en las estaciones de Atxuri y Getxo mientras bombardeaban Durango. Después hizo lo posible para que su familia llegara a Santander para, desde allí, partir al exilio a Francia. Juan, sin embargo, se desplazó en tren a Tarragona.


Cuando las tropas fascistas estaban a punto de tomar Cataluña en su totalidad logró huir a Francia. Esa huida no supuso para nada la libertad para Juan Gorosarri. Internado primero en el campo de concentración de Argéles-Sur-Mer y después en el de Gürs, sufrió tres años de cautiverio en ellos. Suponiendo que en casa lo darían por muerto, envío una carta con un nombre falso (“Severino González) vía Cruz Roja y gracias a ella, yq que en ella su padre reconoció su caligrafía, supieron en casa que Juan seguía aún con vida.


A su regreso a Euskal Herria, el tren que los fascistas traían cargado de presos hizo una parada de cinco minutos en Durango. Su hija de once años que ya no iba a la escuela porque tenía que trabajar cuidando niños, pasaba a diario por la estación con la ilusión de ver algún día a su padre en uno de aquellos trenes cargados de presos. El día en que Juan Gorosarri volvía en tren, a duras penas pudo su hija reconocerlo con aquella barba y pelambrera que traía. No fue hasta que Juan echó a llorar y sus antiguos compañeros de trabajo le ofrecieron tabaco cuando su hija se dio cuenta de quién era. De todos modos, Juan Gorosarri no pudo bajar en Durango aquel día. El miedo a represalias era más que fundado y Juan vivió en Bilbao en casa de una cuñada durante una temporada antes de volver definitivamente a Durango.


No fue condenado a prisión pero lo castigaron sin trabajo durante un año. Por aquel entonces su mujer, Vicenta Garnika estaba en prisión y a sus hijas mayores (15, 14 y 11 años)  no les quedaba otra que trabajar m,mientras que los dos más pequeños iban al Auxilio Social.